Capítulo 14. Fetiche.
Salomé no se movió con el gesto paralizado.
—Eso no te da derecho a despojar a la gente —espetó obligándose a no convertirse en una estatua.
Johan la observó con atención, la cabeza apenas ladeada. La tensión en su mandíbula le delataba lo que sus palabras no.
—El derecho no lo decidí yo. Lo firmaron otros… con nombres más antiguos que el tuyo, y poderosos como el mío —dijo, con frialdad.
—Pues entonces... tráeme el primero de esos nombres. Me encargaré de hablar con él —arremetió Salomé, sin