—Con Bianca rondando por ahí, prefiero que el médico venga aquí a la casa, no dejé que los paramédicos se quedarán, yo me ocupo de llamar a mi amigo Tadeo. Ve con tu esposa y déjame lo demás—.
Alexander subió nuevamente, Audra estaba despierta acariciando la cabecita del pequeño que aún dormía, él se sentó a su lado y la abrazó, cerrando los ojos y respirando el aroma de su pelo, pensando en que pudo haberla perdido en un instante.
—Nena, ¿Estás bien?—.
—Sí, no te preocupes—.
—Bianca pagará por