«De la nada, me entraron fuertes ganas de vomitar, cubriéndome la boca, me levanté y corrí al baño, Alexander estaba detrás de mí, me sujetó el cabello mientras mi estomago quedaba completamente vacío».
—¿Qué pasa nena? ¿Te sientes mal?—.
«No podía ser en este preciso momento, las arcadas eran tan fuertes que, por un buen rato no le pude contestar, lavé mi rostro con paciencia, respiré lentamente, buscando la manera de serenarme antes de mirarlo».
Le dijo casi en un susurro:
—Estoy embarazada—.