Me separo de golpe al ver a Paolo parado en la puerta con su cara roja. Lina me mira y se empieza a reír, así que yo me uno.
- ¡Mía! – grita Paolo, pero es inútil, ambas estamos muy drogadas y cualquier cosa que dijera hacía que nos diera más risa. Veo cómo Paolo posa su mirada en el polvito regado y, sin esperarlo, me toma fuerte del brazo.
- ¿Te drogaste? – Lina se queda helada al ver la reacción de Paolo.
- Sí, ¿y qué? – Esta noche me siento fuerte y bastante valiente.
- M*****a zorra, lá