Adoratta
Siguen las sorpresas, veamos cuando acaban…
Arrugo la frente de al escucharlo. Ladeo la cabeza hacia la derecha, un ángulo de cuarenta y cinco grados, como siempre que mi cerebro encuentra una pieza de información que no encaja en el sistema lógico. Lo miro buscando el error en su sintaxis.
—¿Nuestra? ¿Sabes que ella es tu madre? ¿La verdadera?
Lorenzo asiente con la cabeza de manera lenta y se encoge de hombros, como si estuviera hablando del clima de Roma.
—Siempre lo he sabido, Ado