El martes comenzó un poco más tranquilo que el día anterior. La escena de Cloe había provocado un estado de ánimo deprimido, ya que todas se preguntaban si Gloria la enviaría a casa.
Durante el desayuno se sentaron más o menos en silencio, y sólo se oían algunas palabras apagadas de vez en cuando.
—¿Por casualidad alguno de ustedes ha visto mi broche? —preguntó Grace entre bocados—. Es un broche de oro, engastado con rubíes.
Las chicas negaron con la cabeza.
—Tal vez lo hayas extraviado. Si