Cindy se tumbó en su cama y lloró a mares.
En algún momento sintió una mano en su hombro. Sabía que era Mindy, sentada a su lado, comprensiva y reconfortante, esperando en silencio a que se calmara un poco.
Después de un rato, se dio la vuelta —Se acabó —dijo con voz temblorosa—. Tuvimos una terrible pelea y eso fue todo.
—Aquí estoy para ti —suspiró Mindy—, puedes estar tranquila nadie se dió cuenta.
—Bueno, ahora no importa. De todos modos, no me apetece quedarme aquí más tiempo.
—¿Pero