Al caer, Cindy lanzó un grito de sorpresa, pero dos brazos la agarraron y la pusieron a salvo en el suelo.
Desesperada, se giró para ver a Miguel Ángel de pie frente a ella, mirándola con incredulidad.
—Cindy, ¿qué demonios estás haciendo?
—Había una araña gorda —soltó completamente angustiada.
—Ah, eso lo explica todo, por supuesto —dijo secamente, y Cindy tuvo la impresión de que le costaba reprimir una sonrisa—. Debe haber sido muy pegajosa si te persiguió por la pared hasta aquí por tu b