A las veintidós horas en punto, bajó las escaleras y, efectivamente, Miguel Ángel ya la estaba esperando. No dijo nada, sólo le sonrió brevemente, y un poco más tarde estaban en camino.
Como las otras ocasiones anteriores, nadaron mucho, pero no estuvieron tan exuberantes como de costumbre. Cindy tuvo la impresión de que Miguel Ángel estaba un poco reservado y serio, y se preguntó si tal vez se debía a su estúpido comportamiento del domingo, después de todo.
En silencio, se sentaron en sus toa