Antes de las diez de la mañana llamé a mi guardaespaldas cancelando el viaje, quise gritar, patear o golpear algo.
Caminaba al estacionamiento para abordar el coche que usaba cuando Ernest no se encontraba a mi disposición en vista de que el aun estaba en el hangar, preferí manejar yo mismo y no perder más tiempo esperándolo.
El móvil comenzó a sonar.
—Arlet. ¿Todo bien? —sentí pánico en ese instante.
—Tori, sigue igual Theo, en coma. Te hablo para informarte que mañana la trasladan a Boston,