Aquello parecía un cuento de terror narrado por un maldito demente, mientras que las piezas comenzaban a encajar en mi cabeza con miedo.
—Así que fuiste tú, ¿para qué acabar con su vida? ¿Qué te hizo Priscilla? —empleé un tono condescendiente aparentando tranquilidad, aunque por dentro me encontraba aterrado, estaba loco si pensaba que dejaría ir a Fiorella con él después de escuchar de lo que era capaz; la vida de mi mujer e hijo corrían peligro.
—Por la sencilla razón de que tuviste sexo con