Miranda la madre de Fiorella le tendía un vaso de agua al idiota sentado cómodamente en los muebles de la sala, al sentir nuestra presencia, ambos nos observaron neutro. Felipe, bajaba las escaleras con cara de pocos amigos al ver a la indeseable visita, al parecer la única persona que le sonreía con educación en aquella casa era, Miranda.
El tal Horacio posó sus ojos en mi mujer poniéndose de pie. Era un tipo que proyectaba elegancia y seguridad sin embargo para mí era una jodida piedra de mie