Las dos castañas delante de nosotros parecían unas niñas que disfrutaban de su grato reencuentro. Verlas juntas a pesar del momento de angustia, era sumamente gratificante, porque ellas transmitían la amistad y añoranza que salían de sus almas. Nicholas, las miraba fijamente, pasó una mano desesperadamente por su cabello.
—¿Theo? —murmuró por lo bajo.
—Te escucho o, ¿vas a asesinarme en este instante? —dije neutro observándolo de reojo. Viró para encararme, totalmente serio.
—Fiorella, como