Al principio quedé estupefacta, pero después comencé a reírme como una verdadera loca.
—Lo... Lo siento...
No podía parar de reír, ¿Acaso era una broma? Cuando observo que ambos estaban muy serios, dejo de reírme.
—Es una broma, ¿Verdad?
Ninguno dice nada, miro al cavernícola, pero este ignora mi mirada. Procedo a ver al señor White y este tenía el ceño levemente fruncido, no había ninguna gracia en él.
—Lo... ¿Lo está diciendo en serio?
—Por supuesto que sí, muchacha.
—Pero... Pero...
—Verás Z