—¿Por qué dices eso, Lana?
—Créeme, Larissa, tengo a la peor familia del mundo —Lana bajó la mirada con el deseo de llorar—. Larissa, debo ir a casa, ve a la mansión Greene.
—¡De ninguna manera, Lana! Mejor vamos a tu casa, esperaré afuera, pero, no te dejaré sola.
Lana estuvo de acuerdo y así lo hicieron.
Cuando Lana entró en la casa, su madre Doria la miró sorprendida
—¡Lana, bienvenida! ¿Me has traído algo de comer o dinero?
Lana la miró con ojos mordaces
—Absolutamente nada.
—Claro,