—Si quieres pensar que esto está muerto, es tu problema, peor te advierto algo, nunca podrás alejarte de mí, si quieres hacerlo, lo harás, pero sin mi bebé.
Lana le miró con rabia
—No me amenaces, Aaron, no te lo permitiré.
Él la miró fijamente, estaban tan cerca que él podía sentir su cálido aliento, desear sus labios
—Nos iremos a casa, juntos, quieras o no.
Lana bajó la mirada, pensó en las palabras del doctor Martín, no pensaba más en oponerse a él.
—¿Por qué te busca la policía? Cada