«¿Dónde estás, Lana? ¡Oh, Dios mío! Por favor, solo quiero que ella esté bien, no importa mi vida, no importa nada, si esto es mi culpa, si alguien debe pagar, lo haré con mi propia vida, pero ella no, por favor, que nadie le haga daño, ¡No lo permitas! Sin Lana no hay vida, sin Lana no tengo nada»
Aaron estaba atado a una silla de manos, pies, la boca cubierta con cinta. En total oscuridad. No sabía cuánto tiempo había pasado, ni dónde estaba, no sabía nada de Lana.
Esos hombres lo subieron a