El sonido del despertador rompió el silencio de la habitación. A pesar de que la noche anterior había sido larga, Valeska se sentó en la cama con determinación. Hoy sería su primer día en el hotel, su regreso oficial al mundo laboral.
A su lado, el pequeño Adrián dormía plácidamente en su cuna, con los puñitos cerrados y su respiración tranquila. Valeska se inclinó sobre él y, con cuidado, acarició su mejilla antes de levantarse. Verlo a él era como obtener una descarga eléctrica que le brindab