Los días transcurrieron en una mezcla de emoción, ansiedad y un torbellino de preparativos. Lisandro, quien era fiel a su estilo meticuloso, supervisaba cada detalle de la boda con una precisión impecable.
No era un hombre que dejara nada al azar, y mucho menos cuando se trataba de algo tan importante como su unión con Valeska. Quería que todo fuera perfecto, no solo porque era un evento mediático, sino porque, por primera vez en su vida, sentía que estaba construyendo algo real, algo que no se