El interior del coche se volvió sofocante de repente, como si el aire se hubiera vuelto denso, pesado, incapaz de ser respirado con normalidad. Valeska sentía su propia temperatura elevarse, pero no por el calor del vehículo ni por la calefacción, sino por la intensidad de la pregunta que Lisandro acababa de hacerle.
«Nunca he tenido una mujer cercana a mí. Tú eres la única excepción. ¿Nunca te has preguntado por qué?»
Valeska abrió los labios, pero no logró articular sonido alguno. ¿Qué quería