Mateo se volvió hacia Lucía:
—¡Y tú! Eres una zorra, ¿no? De todas las personas, tenías que seducirlo a él. ¿Estás contenta ahora?
Lucía se sintió furiosa e injustamente acusada. Ella era la que había sido arrastrada a esta situación sin razón alguna. ¿Qué había hecho mal? Frente a las acusaciones de Mateo, Jorge permaneció inquietantemente tranquilo.
Se tocó el puente de la nariz lastimado y sonrió fríamente:
—¿Qué estábamos haciendo? Ya lo viste, ¿no?
Mateo, inexpresivo, preguntó:
—¿Así que no