Daniel, sin embargo, no consideró que hubiera nada inadecuado, pues él también estaba por cerrar su puerta.
—¿Pero qué haces? —Elena agarró bruscamente el picaporte.
Daniel la miró confundido: —¿No ibas a irte?
—¡Todavía no me he ido y ya estás cerrando la puerta! —exclamó con voz particularmente alta, sin que quedara claro si estaba reclamándole a Daniel o expresando su disgusto hacia alguien más.
Daniel se quedó perplejo: —¿No dijiste que te ibas? Si no cierro, se escapa toda la calefacción.
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