—¿Qué... qué están haciendo ustedes dos?
Manuel se quedó paralizado sosteniendo la palangana, con los ojos tan abiertos como platos, pareciendo completamente desconcertado. Paula y Lucía voltearon a verlo al mismo tiempo.
—¿Por qué tardaste tanto? Te pedí que compraras una palangana y te fuiste una hora —dijo Paula mientras le quitaba el recipiente de las manos. Al volverse hacia Lucía, la sonrisa regresó a sus labios—. Ya tengo el agua caliente lista. Te ayudaré a lavarte, te sentirás mucho mej