Después de tranquilizar a Ana y ayudarla a asearse, Lucía le insistió en que terminara el suero antes de tramitar el alta. Antes de irse, llamó a Sandra aparte:
—Ya hablé con la profesora. Mañana vendrá un coche a recogerlas para el centro de recuperación. Por favor, cuídela bien durante su estancia.
Sandra estaba encantada: —¡Solo tú podías lograrlo! Yo intenté hablar con ella y convencerla, pero nada funcionó. Tenías que ser tú.
—No te preocupes, ¡la cuidaré muy bien!
—Gracias por tu ayuda, Sa