Estaba convencida de que Daniel estaría de su lado.
—Ya entregaron sus llaves, pero la que tengo yo no puedo darla de ninguna manera —explicó Lucía.
—¿Por qué?
—Tonta, si entregamos todas las llaves, ¿cómo vamos a trasladar el CPRT? ¿Forzando la puerta?
Los ojos de Talia se agrandaron de repente:
—¡¿Podemos llevarnos el CPRT?!
—Por supuesto. Lo compramos con nuestro dinero, ¿por qué no podríamos?
—¡Exacto! Si es nuestro, podemos llevárnoslo donde queramos.
—Por eso necesitamos mantener una llave