Mateo, furioso, lanzó un puñetazo hacia Daniel.
—¿Me golpeas? ¿Quién te crees que eres? —gruñó mientras atacaba—. Cuando ella y yo éramos íntimos, tú ni siquiera existías...
Daniel detuvo el puño de Mateo. A diferencia de la rabia descontrolada de Mateo, Daniel parecía más calmado y racional, aunque sus ojos reflejaban una frialdad intensa.
—¿Y tú quién eres? ¿Un ex novio que no puede dejar ir, o un violador? —cada palabra de Daniel era como un cuchillo afilado, tocando los puntos débiles de Mat