Al otro lado del teléfono, Helio guardó un largo silencio: —¿En serio van a construir su propio laboratorio?
—¡Por supuesto!
—¿No será un capricho repentino?
—¡Claro que no! ¡Lo hemos pensado muy seriamente!
—Bien, diez millones, ¿verdad? Ahora mismo te los transfiero a tu cuenta.
—¡Wow! ¡Gracias daddy! ¡Te amo, muak!
—Jejeje... —rio el padre embobado.
Esa misma noche, Talia presumió en el chat grupal la captura de pantalla de la transferencia. Impresionantes siete ceros que saltaban a la vista.