—Ya está.
Lucía movió el cuello y la cabeza; la pinza estaba perfectamente firme, sin la menor señal de aflojarse.
—¡Vaya! Tu novio aprende rápido, ¡lo ha hecho mejor que yo! —comentó la vendedora sonriendo.
Daniel sonrió.
Lucía intentó explicar: —Él no es mi...
Pero la vendedora no la dejó terminar:
—En muchas culturas antiguas, recogerse el pelo simbolizaba el matrimonio. Si la pareja era armoniosa, el marido peinaba a su esposa, como dice el poema: Mis manos entre tus trenzas,
como mi abuela