Al llegar al restaurante argentino, el camarero los condujo directamente a un reservado.
Pidieron la comida y empezaron a compartir los diversos cortes de carne.
Talia tenía razón con su recomendación: la calidad era excepcional, la carne estaba tierna y los condimentos picantes le daban un toque especial.
Durante la cena, Lucía fue al baño. Al volver, encontró un helado de vainilla en su sitio.
—Para el picante —explicó Daniel.
Ella sonrió agradecida, pensando en lo atento que era el profesor.