Sintiéndose incómoda, Sofía sacudió el brazo de Mateo: —Cariño, ¿qué pasa?
Mateo volvió en sí y negó con la mano:
—Nada. Ya estoy bien. Concéntrate en tus clases, no necesitas venir más.
—Los próximos días estaré muy ocupado con asuntos de la empresa, así que no tendré tiempo para acompañarte.
Sofía se quedó perpleja por un momento, pero asintió sonriendo: —De acuerdo, entiendo.
Al salir de la villa, la sonrisa de la joven se desvaneció, sintiendo un peso en el corazón y una sombra en los ojos.