—¡Claro que sí! No solo tienes mal carácter, sino que también mala memoria, ¿qué te pasa?
Paula le lanzó una almohada: —¡Cállate!
Manuel ladeó la cabeza esquivándola con agilidad, claramente experimentado en el asunto.
Paula extendió la mano para agarrar otra almohada, pero...
—Ni lo intentes, la tengo yo —dijo Manuel, dando palmaditas detrás de él.
Paula lo miró perpleja: —¿Cómo llegó hasta ahí?
Manuel suspiró resignado. ¡Vaya! La mala memoria estaba confirmada.
—Señorita, ya me has lanzado una