—¡Oye, despierta! Dame el vaso.
Todo el encanto se hizo añicos —¡pum!—en el instante en que ella habló.
Manuel torció el gesto: —¿Puedo hacerte una sugerencia?
—...Dime —Paula dio un sorbo al agua helada, sintiéndose al instante más despejada.
—¿No podrías hablarme con más dulzura? Somos pareja, no enemigos. Mi madre se va a preocupar si me hablas así.
—¿Preocuparse por qué?
—¡Por ver cómo maltratas a su hijo!
Paula suspiró resignada.
—¿Prefieres que hable así, cariño?~ ¿Crees que a la señora le