Lucía se apresuró a tomar del brazo a su madre:
—Ya que por fin salimos juntos, hay que probar algo especial.
Carolina sonrió sin querer arruinar el momento. Sergio, por su parte, al entrar pensó que no podría ser tan caro, hasta que vio el menú y casi salta de su asiento.
—¿Esto... esto... el filete más barato cuesta más de cien dólares?
—Tengo tarjeta de miembro, hay descuento —lo tranquilizó Lucía de inmediato.
—Ah, bueno, eso está mejor... —volvió a sentarse y tomó un sorbo de agua con limón