—¡No, no, no! ¿Cómo vamos a dejar que un invitado entre a la cocina? —bromeó Lucía entre risas.
—El invitado dice que le encantaría ayudar.
Con varias personas ayudando, la preparación de los ingredientes avanzó mucho más rápido.
Cuando todo estuvo listo, Lucía sacó el pescado del jugo de limón, lo colocó en un plato, lo secó con papel de cocina y le untó una capa de aceite para mantener su frescura.
Daniel, sin nada más que hacer, se quedó parado observando —¿Necesitas ayuda con algo?
—¿Podrías