Mateo retiró bruscamente la mano, como un niño que acababa de hacer algo malo—. Perdón Luci, no fue mi intención... yo... ni siquiera sé qué me pasó... solo no quería que te alejaras tanto de mí...
—¡No me toques! —exclamó Lucía cubriéndose la cabeza, con lágrimas a punto de caer por el dolor.
En ese momento, Diego, que había estado corriendo para llegar, finalmente apareció.
Y con él venía Jorge.
—¿Estás bien? —preguntó este último, pasando de largo a Mateo para acercarse a Lucía, con preocupac