Ella hizo un par de comentarios que, aunque parecían inofensivos, había algo extraño en su tono.
—No sabía que Luci trabajaba en Puerto Celeste —comentó Anya con una mirada perspicaz—. Debe ser algo especial, ¿no? Al fin y al cabo, una persona común no gana cientos de miles.
Lucía frunció el ceño, pero Carolina la tomó de la mano, indicándole que ella se encargaría.
—No es para tanto. Luci, aunque no siguió con un posgrado después de la universidad, no se quedó de brazos cruzados. Cambió de trab