Todos subieron corriendo al segundo piso y llegaron al cuarto de Lucía, donde encontraron una escena peculiar:
Aurora estaba sentada en el suelo con dos carteras tiradas a su lado. Al ver entrar a todos, comenzó a llorar desconsoladamente mientras pataleaba como una chiquilla malcriada.
—Aurora, mi amor, ¿qué pasó? No asustes a mamá así —Tatiana se arrodilló junto a ella—. Ven, levántate...
—¡No! ¡No me levanto hasta que Lucía me pida disculpas!
—Adelante —se burló Lucía—. Quédate sentada todo l