Capítulo 133
Lucía agitó el trapeador y continuó arremetiendo contra ella. Alba corrió cubriéndose la cabeza y, al llegar a la puerta, no pudo evitar lanzar una última amenaza:

—¡Esto... esto no se quedará así!

—¡Esas malditas glicinias de su jardín que se extienden hasta mi patio, mañana mismo las quemo todas! ¡Me enferman solo de verlas!

Dicho esto, echó a correr porque Lucía volvía a perseguirla con el trapeador.

—¡Lárgate! ¡Cada vez que vengas, te voy a dar tu merecido!

Lucía bajó el trapeador y exhaló p
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