En ese momento, una voz interrumpió el momento de confesión de Liliana.
—Madre.
La anciana se separó lentamente de la joven y levantó la mirada.
Frente a ellas estaba Horacio, el hermano de Joaquín.
La expresión de la mujer cambió de inmediato.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, incapaz de ocultar la sorpresa.
—¿Tú?
Horacio bajó la mirada.
—Vine por Joaquín.
La mujer frunció los labios.
—No viniste al funeral de tu padre.
El reproche salió de su boca con una mezcla de dolor y resentimient