Más tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse tras los edificios de la ciudad, en el último piso del imponente edificio Kirland Group, Joaquín Kirland permanecía encerrado en su oficina.
Desde que su padre había enfermado gravemente, todo el peso del imperio familiar había caído sobre sus hombros.
Las reuniones parecían interminables.
Los contratos se acumulaban sobre su escritorio.
Su teléfono no dejaba de sonar.
Durante semanas apenas había dormido unas cuantas horas por noche. Pero para Joaq