Los ojos de Miranda se abrieron apenas un instante.
No por sorpresa.
En lugar de perder la compostura, respiró profundamente.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
No era la sonrisa de una mujer derrotada.
Era la de alguien que acababa de encontrar la pieza que le faltaba para ganar una partida de ajedrez.
Daniela frunció ligeramente el ceño. Aquella reacción no era la que esperaba.
Había imaginado lágrimas. Gritos. Tal vez una bofetada. Pero nunca una sonrisa.
Por primera vez desde que había