El bar estaba lleno de música, risas y copas chocando unas contra otras.
Las luces doradas se reflejaban sobre el mármol negro de la barra y sobre los vestidos elegantes de las mujeres que iban y venían entre las mesas.
Ahí estaba Miranda a su lado caminaba Lydia, riendo como siempre.
Y detrás de ellas... Dos hombres jóvenes. Altos. Atractivos.
Vestidos con impecables trajes italianos.
Uno de ellos incluso apoyó una mano en la espalda de Miranda para ayudarla a subir un pequeño escalón.
Ella le