Joaquín permanecía inmóvil sobre la cama del hospital, con la mirada fija en la puerta por la que Miranda acababa de salir.
Durante unos segundos, el silencio reinó en la habitación.
Sin embargo, no era un silencio de paz.
Era un silencio pesado, cargado de emociones que él mismo no conseguía comprender.
Una parte de su corazón parecía haberse quedado mirando aquella puerta cerrada.
Otra insistía en que había tomado la decisión correcta.
Respiró profundamente y apartó la vista.
Su expresión volv