Dentro de la habitación, el silencio era insoportable.
Joaquín permanecía recostado sobre la cama, con la espalda apoyada contra varias almohadas.
Su rostro estaba pálido y sus ojos enrojecidos por el dolor, la frustración y la confusión que no dejaban de atormentarlo.
Desde que había despertado, sentía que su vida era un enorme rompecabezas.
Sabía quién era. Sabía su nombre.
Sabía que era Joaquín Kirland.
Pero cuando intentaba recordar su pasado, solo encontraba fragmentos borrosos.
Voces. Imág