Los ojos de Miranda se abrieron con incredulidad.
Por un instante se quedó inmóvil, viendo cómo Joaquín se alejaba de ella.
—¡Joaquín!
Su voz hizo que él se detuviera.
El hombre quedó de espaldas a ella.
Miranda respiró con dificultad.
No sabía si estaba enojada o desesperada.
Quizá ambas cosas.
Corrió unos pasos hasta alcanzarlo.
—¿Acaso enloqueciste?
Joaquín giró lentamente.
Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Miranda, con la voz temblorosa—. Ayer q