Miranda estaba en casa, sentada en la sala mientras observaba a sus pequeñas correr de un lado a otro.
Marina y Mariana acababan de cumplir tres años y parecían tener energía para conquistar el mundo entero. Una perseguía a la otra alrededor del sofá, mientras sus pequeñas risas llenaban cada rincón de la casa.
—¡Marina, no corras tan rápido! —exclamó Miranda entre risas.
La niña se detuvo apenas unos segundos, giró la cabeza y sonrió con una expresión traviesa.
—¡Mamá, mira!
Tomó un pequeño oso