Las niñas levantaron la mirada al escuchar aquella voz.
—¡Mamá!
Marina y Mariana corrieron hacia Miranda.
Ella se agachó inmediatamente y abrió los brazos.
Las dos niñas se aferraron a ella con todas sus fuerzas.
—¿Están bien? —preguntó Miranda, recorriéndolas con la mirada.
Primero revisó a Mariana.
Después miró a Marina, especialmente la oreja que la señora Kirland había sujetado.
Marina comenzó a llorar nuevamente y escondió el rostro contra el pecho de su madre.
—Mami... esa señora es una br