Miranda se sobresaltó al escuchar aquella voz.
Era imposible no reconocerla.
Levantó lentamente la mirada y encontró a Joaquín de pie frente a ella.
La luz de los faros del automóvil iluminaba parcialmente su rostro, endureciendo aún más sus facciones. Vestía impecablemente, como siempre, pero había algo diferente en sus ojos.
Estaban llenos de una furia contenida que apenas lograba ocultar.
Durante un instante, el corazón de Miranda dio un vuelco.
No por miedo.
Sino porque, después de tantos añ