Miranda lo único que quería era marcharse a casa con sus hijas.
Después de todo lo ocurrido, necesitaba alejarse de aquel lugar, subir a su automóvil y cerrar la puerta detrás de ella para dejar atrás esa mala noche
Tomó su cartera y miró a su alrededor.
—¡Niñas! —llamó mientras se dirigía hacia el jardín—. ¡Marina! ¡Mariana! ¡Es hora de irnos!
Nadie respondió.
Miranda continuó caminando.
Había visto a las gemelas jugando en aquel jardín hacía unos minutos.
Estaban juntas, como siempre, persigui