Mundo de ficçãoIniciar sessão—¿Cómo amaneciste, hijo? —Lidia se acercó a Sebastián y con cuidado le acarició la frente y la mejilla— Debes estar tranquilo, sabes que alterarte te hace más daño y ayer nos diste un susto tremendo.
Sebastián dejó caer una lágrima. No podía hablar. El choque no fue lo que provocó su estado, sino, el ver a su padre en el espejo retrovisor. Cerró los ojos, pensando en aquel momen







